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24 August 2017
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Cosmética de color, más que simplemente color

Un amplio abanico de diferentes productos compone la gran familia que convenimos en denominar “cosméticos”. Hay una variedad de formas de presentación y una importante diversidad de mezclas que permiten al formulador crear productos prácticamente a medida del consumidor.

Cada día vemos aparecer en el mercado nuevos cosméticos diseñados para tratar la piel y cada uno de ellos entraña una compleja y estudiada formulación.

 

En el diseño de la fórmula se pretende, a priori, conseguir una mezcla estable de ingredientes que permanezca inalterable con el paso del tiempo. Pero la tarea se complica cuando, además, se exige un elevado grado de cosmeticidad, agradabilidad de aplicación, uso confortable y otras muchas propiedades. La complejidad también aumenta cuando hay que añadir ingredientes activos para conseguir la soñada y deseada eficacia del cosmético. Estos activos interaccionarán inevitablemente entre sí y con el resto de ingredientes con los que en a priori habíamos conseguido formular una mezcla estable. En la mayoría de los casos, también deberemos añadir un sistema conservante que garantice el perfecto estado del producto durante su tiempo de uso, siendo este hecho una complicación más en la buscada perfección de la fórmula. El perfume supondrá otro reto tanto para la aceptación del producto por parte del consumidor como para el desarrollo.

 

Una vez superadas estas barreras habremos conseguido formular un producto con características para tratar la piel. Sin embargo, todavía podemos complicarlo más. Se puede añadir una mezcla de pigmentos para que el cosmético aporte un componente de color sobre la piel consiguiendo, así, el diseño de un cosmético de color.

 

Actualmente, los productos de color han derivado en un cosmético de tratamiento al que además se le ha añadido la propiedad de aportar tono a la piel mediante la adición de pigmentos. Pero el reto no termina aquí. En el caso de un cosmético de tratamiento se establecen unos parámetros entre los cuales deberá mantenerse el producto para considerarlo correctamente fabricado (pH, viscosidad, densidad, punto de fusión, resistencia a la rotura…).

 

El cliente es fiel al uso de un producto si con él obtiene siempre el mismo resultado, no permite desviaciones respecto a las prestaciones conseguidas desde el primer día de uso. Si además el cliente es un profesional de la cosmética, la exigencia aumenta considerablemente. Todo esto hace que la complejidad del desarrollo de un cosmético de color sea cada día más elevada. Se tecnifica cada vez más el diseño de una fórmula y aprendemos a desarrollar productos con rigor y metódica con la finalidad de satisfacer las exigencias del usuario. Difícilmente se consigue el producto deseado con un mínimo número de ensayos. El método “ensayo-error” se convierte en la habitual dinámica de trabajo hasta llegar a conseguir el objetivo.

No obstante, no todo son dificultades. Disponemos de la gran ayuda de los fabricantes y distribuidores de ingredientes, creadores de sustancias que facilitan el trabajo del formulador como aceites con cualidades cosméticas óptimas, agentes texturizantes, emulsionantes capaces de aportar estabilidad a las mezclas más impensables, conservantes que se adaptan a las necesidades de nuestra formulación y a las exigencias legislativas, aditivos que permiten reducir las dosis de filtros solares a utilizar y pigmentos con tratamientos que garantizan la calidad del producto. Con esta encomiable colaboración y ayuda podemos llegar a conseguir nuestro principal objetivo, que no es otro que la satisfacción del cliente.

 

 

Xavier Hidalgo, Director Técnico de Laurendor.

www.laurendor.com