El eco-fraude en el mercado de la cosmética natural, ¿existe verdaderamente?

En la actualidad cada vez son más las personas preocupadas por la protección del medio ambiente y de su bienestar que consumen productos sostenibles dentro del mundo de la alimentación y del cuidado personal. Salud y calidad son términos que viajan juntos en el carrito de la compra de muchos españoles, especialmente en el de los consumidores millennials.

Si vamos a la sección de perfumería de cualquier supermercado o hipermercado de nuestro país podremos encontrarnos con un sinfín de productos para el cuidado de la piel y, sí, el sector de la cosmética no ha permanecido ajeno a este boom al que gradualmente se han ido sumando diferentes marcas con distintas gamas de productos naturales, ecológicos y biológicos. Cabe destacar que, para que un producto pueda etiquetarse como “ecológico”, “bio” o “natural”, debe contener un porcentaje significativo de ingredientes que hayan sido producidos según los métodos de producción ecológica establecidos por el Reglamento (EU) de Producción Ecológica 2018/848. Este porcentaje permite a la entidad privada de certificación autorizada a la que se adscribe la marca cosmética determinar si el producto es ecológico. No obstante, es importante resaltar que en la actualidad existen un sinfín de entidades certificadoras y que todas ellas cuentan con criterios totalmente diferentes por lo que puede pasar que un producto sea concebido como ecológico según una certificadora y según otra no lo sea.

Ahora bien, la producción de cosmética ecológica supone de una inversión temporal y económica más elevada que para la cosmética elaborada a partir de ingredientes convencionales, inversión a la cual se suma los costes de obtener un certificado ecológico. De ahí que muchas compañías intenten, a través de publicidad confusa, enviar a los consumidores el mensaje de que su producto es ecológico sin decirlo de manera explícita, evitando pasar así por los retos de producir este tipo de cosmética y, por ende, obteniendo un mayor margen de beneficio mayor al venderlos por algo que no son.

Estas marcas no certificadas emplean diversas estrategias para conseguir convencer y sumar consumidores a sus productos. La primera de ellas está basada en su adscripción a cierto tipo de certificadoras. Tal y como se avanzaba previamente, actualmente existen una gran diversidad de entidades privadas autorizadas que certifican los productos ecológicos. El problema aquí viene cuando cada una cuenta con criterios totalmente diferentes a la hora de definir qué es un cosmético ecológico, por lo que este vacío es empleado por las grandes empresas para adherirse a aquellas que cuentan con los parámetros más laxos. Asimismo, muchas veces sucede que estas, debido a su gran capacidad económica, crean sus propias certificadoras.

Por otro lado, otra de las estrategias más exitosas empleadas está basada en la constante presencia de estas compañías en los principales medios de comunicación. A diferencia de los pequeños laboratorios, estas grandes marcas cuentan también con enormes presupuestos publicitarios que emplean para dar a conocer sus diferentes líneas de productos “naturales”. Y es que por irónico que parezca, estas últimas, que se venden en televisión como marcas “bio”, normalmente, son aquellas que usan como base ingredientes sintéticos, como siliconas o parabenos, y lo complementan con extractos naturales en concentraciones ínfimas, extractos que, curiosamente, dan nombre a sus líneas de productos.

Por otra parte, estas marcas fraudulentas juegan mucho con el envasado de sus productos para hacer creer a los consumidores que sus líneas de venta son completamente ecológicas. El uso de colores, como el verde o el azul, el empleo de imágenes de plantas o elementos de la naturaleza y la utilización de términos como “plastic free” son otras de las estrategias que se esconden detrás de estas compañías que se venden como naturales.

Por tanto, la pregunta no debería ser si existe verdaderamente el eco-fraude, la respuesta se muestra bastante transparente tras analizar el mercado, sino qué podemos hacer para evitar caer en la trampa.

En primer lugar, hemos de verificar el etiquetado de los productos que se adquieren, que aparecerá bajo el nombre de cosmética ecológica, cosmética Bio o cosmética orgánica, variación que depende, en mayor medida, del mercado o zona geográfica en la que se adquieran, aunque su significado es idéntico. En segundo lugar, a la hora de escoger un producto de belleza y cuidado personal es esencial fijarse principalmente en su INCI, es decir el listado de ingredientes reales de los que se compone. Por ejemplo, se deben evitar todos aquellos productos que contengan como ingredientes: sodium lauryl, laureth sulfate, hydroquinone, mercurio, diazolidinilurea, hidroximetilglicinato de sodio o parabenos.

En tercer lugar, es muy importante también observar los sellos y las certificaciones con las que cuenta que cuenta el producto, y que aparecen impresos en la etiqueta, e investigar sobre la certificadora que los otorga. En la actualidad, una de las certificadoras de mayor prestigio en nuestro país debido a los estrictos criterios y sistemas de control con los que cuenta es: BioVidaSana.

Por lo tanto, a pesar de que es muy importante cuidar del medioambiente apostando por productos ecológicos y naturales cuyo impacto en el planeta es ínfimo, como consumidores, debemos ser muy conscientes de todo lo que se esconde detrás del mercado cosmético y del afán de las grandes marcas por seguir enriqueciéndose.

 

Estela Cuadrado,
CEO y fundadora de Ártica Bio- Cosmética

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